La literatura infantil constituye una herramienta fundamental en el desarrollo emocional
de los niños, ya que permite explorar, identificar y expresar emociones a través de los
personajes y las historias. Desde una mirada cognitivo comportamental, la lectura
favorece la autorregulación, la empatía y la construcción de significados personales. En
el ámbito educativo, el docente cumple un rol mediador que transforma el acto de leer
en un espacio de reflexión y contención emocional. En el contexto escolar actual,
muchos niños presentan dificultades para reconocer, nombrar y gestionar sus
emociones. A pesar de la presencia de propuestas literarias en el currículum, no siempre
se utilizan como recursos psicopedagógicos para el desarrollo emocional. Surge
entonces la necesidad de analizar cómo la literatura infantil puede convertirse en una
herramienta que favorezca el crecimiento emocional y la comprensión de sí mismos y
de los otros. La hipótesis que se sostiene es que si la literatura infantil es utilizada de
manera intencional y reflexiva por el docente, puede promover el desarrollo emocional
en los niños, fortaleciendo su capacidad de reconocer, expresar y regular sus emociones
dentro y fuera del aula. La literatura infantil, se presenta como un recurso fundamental
para el desarrollo emocional de los niños. Su importancia trasciende la función recreativa
y educativa tradicional, ya que permite que los niños entren en contacto con sus
emociones de manera segura y significativa, aprendiendo a reconocer, comprender y
gestionar los sentimientos que surgen en su vida cotidiana. La lectura de cuentos, relatos
y fábulas se convierte, entonces, en una experiencia integral: no solo despierta la
imaginación y la creatividad, sino que también fomenta la construcción de competencias
socioemocionales esenciales para la vida.