Transitar : diseño institucional para gestionar la transición de pacientes de efectores pediátricos a efectores de adultos
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Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales.
Resumen
La atención óptima de la salud se alcanza cuando cada persona recibe, a lo
largo de toda su vida, el cuidado médico apropiado. Un elemento clave es la
continuidad de ese cuidado en los diferentes estadios del desarrollo y, en
particular, al pasar de la pediatría a la medicina del adulto1. Lo cual, redundará
en una mejor calidad de vida adulta de estos pacientes.
El concepto de transición se aplica a todos los pacientes, tanto sanos como
con enfermedades crónicas. “El objetivo de una transición planificada del cuidado
de la salud es maximizar el buen funcionamiento y el bienestar de las juventudes
con requerimientos especiales de salud o sin ellos”2.
Es sabido que muchos pacientes con enfermedades crónicas presentan retraso
en la adquisición de pautas psicosociales, como también en el desarrollo sexual.
Las limitaciones físicas, el uso de medicación, el retardo de crecimiento y retraso
puberal, que pueden aparecer en muchos casos, suelen entorpecer la posibilidad
de establecer nuevas relaciones.
El paso del adolescente, con una enfermedad crónica o sin ella, a la atención
del médico de adultos, puede ser considerado como un evento, o un proceso,
este último no necesariamente se relaciona con la edad cronológica, sino con el
desarrollo madurativo y con aspectos psicosociales, educativos y vocacionales.
Por ello, la transición comienza en pediatría pero continúa en los servicios
médicos de adultos. La transición considerada como un proceso, debe darse de
manera gradual, pues implica un proceso planeado en el tiempo para la
detección de recursos educacionales, médicos y de atención de los servicios de
adultos. El proceso de transición debe comenzar el día del diagnóstico, es decir:
plantear la transición desde el inicio, apunta a reafirmar las capacidades del niño
o del adolescente y no los déficit, pensándolo como un futuro adulto con poder
de decisión y responsabilidades, lo cual implica un proceso de preparación.
Este tipo de afirmaciones, si bien ciertas, se deberán adaptar a cada situación
en particular, para elegir el momento y la forma adecuada de iniciar la
preparación. El adolescente y su familia deben estar involucrados en la decisión
de la transición. Esta planificación debe adaptarse de manera flexible a los
tiempos que requiera cada paciente, para ir logrando el desarrollo de su
capacidad de autonomía en distintas áreas de su vida. Los médicos pediatras y la
familia deben prepararse para “dejar ir al adolescente”. Es menester saber
reconocer cuándo el paciente-niño ya es capaz de su autocuidado, favorecer su
crecimiento y facilitar la transición. En este aprendizaje, es esencial la
coordinación entre los servicios tratantes, sea pediátricos y adultos, familia y
paciente
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