El presente ensayo aborda la problemática de la lectoescritura como mecanismo
filiatorio en la historia de César González, conocido por su seudónimo Camilo Blajaquis. En
primer lugar, se indaga sobre cómo la ausencia de referentes familiares y la desafiliación
social marcaron su infancia y adolescencia, llevándolo a la marginalidad y al encierro en
instituciones penitenciarias. Siguiendo a Robert Castel, se plantea la desafiliación como un
proceso estructural que fragmenta los lazos sociales y familiares. A su vez, se aborda la
filiación y la transmisión intergeneracional en relación con la lectura ya que, en la cárcel, el
acceso a la lectoescritura a través de un adulto representó una vía de reinscripción
simbólica. En ese sentido, desde Barthes, se retoma la lectura como un acto de reescritura
que transforma al lector y se profundiza en la relación entre escritura y filiación, destacando
el papel de la escritura como un espacio de subjetivación y resistencia. Así, se ahonda en la
dimensión paradojal del lazo filiatorio: la necesidad de una transmisión simbólica de un otro
y la simultánea diferenciación respecto de él.
El ensayo concluye destacando otros aspectos paradójicos, como el régimen
penitenciario, que, pese a ser un espacio de represión, permitió a González acceder a
nuevas formas de pensamiento y expresión. También se reflexiona sobre la pobreza
estructural y su contribución a la reproducción intergeneracional de la desafiliación. De igual
manera, se plantea la lectura como un proceso paradójico que no solo permite apropiarse
del texto, sino también redefinirlo.