El presente ensayo se propone reflexionar en torno a algunos de los efectos que tiene para los sujetos el atravesar períodos de desempleo que se prolonguen durante doce meses o más. Se parte de la premisa de que el desempleo crónico provoca el deterioro subjetivo, la ruptura de los lazos y el posterior refugio del sujeto en una nueva estabilidad constituida por la cristalización de la situación de sufrimiento. El trabajo ocupa un lugar central en la sociedad actual, influyendo de manera significativa en la salud mental, tanto a nivel subjetivo como interaccional. Este influjo se extiende, entre otras cosas, al desarrollo de la identidad personal y a la construcción de roles sociales. Así, la centralidad del trabajo convierte su contrapartida, el desempleo, en una fuente de efectos nocivos sobre la salud mental, impactando en primera instancia en la estructuración de la vida cotidiana del sujeto, modificando su organización, sus rutinas, sus hábitos y sus lazos. Si, a pesar de estar en búsqueda activa de empleo, la situación de desempleo se prolonga en el tiempo, se vuelve crónica. Esto provoca que el sujeto poco a poco comience a experimentar un desgaste psíquico, que lo predispone a la resignación. En este contexto, la persona construye una nueva identidad en la soledad de su aislamiento, lo que resulta en la identidad del desempleado, cuya única referencia a lo colectivo consiste en ser parte de los descartables.