Partimos de considerar el lugar del análisis personal en la formación del futuro
psicoanalista y en su autorización en relación con el malestar en la cultura. La
Universidad demanda dicho análisis pero lo reduce a una forma de perfeccionar la
técnica o a una opción. En primer lugar, retomamos y revalorizamos su lugar en el
trípode freudiano, en conjunto con el estudio de la teoría y la supervisión. Consideramos
que este análisis da lugar a que alguien pueda ocupar la posición de psicoanalista y leer
las formas que adquiere el malestar en la cultura, y que sus efectos son intransmisibles
por las otras patas del trípode. Sostenemos, asimismo, que las formas reduccionistas de
pensar al análisis personal se relacionan con el rechazo a la realidad sexual del
inconsciente. En segundo lugar, abordamos la distinción entre saber y verdad: la verdad
solo se medio dice, y el psicoanalista debe abstenerse para que el psicoanalizante
elabore un saber, orientándose por la verdad del inconsciente. Finalmente, nos
detenemos en la autorización del psicoanalista, que da lugar a ocupar dicha posición: “el
psicoanalista no se autoriza sino a sí mismo” (Lacan, 2024, p.261) y “también por otros”
(Lacan, s.f., p.99). Esto marca la salida de las garantías del Gran Otro y de las
Instituciones psicoanalíticas. La autorización tiene un sentido público y colectivo, que
sobrepasa la individualidad y se juega en la puesta en diálogo entre psicoanalistas y la
cultura, sostenido esto por el deseo del psicoanalista.
Palabras clave
Análisis personal - Trípode freudiano - Formación - Saber y verdad - Autorización