Lejos estamos de pensar que la práctica analítica se cumple únicamente dentro un
consultorio privado y con el paciente recostado sobre el diván, no obstante, cierto es que
tampoco podemos ejercer el psicoanálisis en todos lados.
Particularmente dentro del hospital, el discurso hegemónico es el discurso médico,
que aporta un saber sobre lo que ocurre en el cuerpo de un paciente. Sin embargo, cuando
aparece un conflicto que no puede ser explicado desde el saber propio de la medicina -saber
referido al cuerpo y sus funciones fisiológicas- cuando un paciente internado en un hospital
está agresivo, deprimido o dice padecer un malestar que no se relaciona específicamente
con un dolor corporal, el saber médico choca con sus propios límites siendo éste el momento
en que se solicita atención psicológica.
Basándome en mi experiencia como residente de pregrado en un hospital público, mi
propuesta es analizar las condiciones que permitirían sostener la práctica del psicoanálisis
dentro de una institución hospitalaria, establecer de qué manera es posible la transferencia,
abordar la problemática en torno a la demanda - sobre todo cuando ésta no proviene del
paciente que debe ser atendido- y qué importancia presenta la interconsulta, así como
también lo relacionado al estatuto del cuerpo desde el discurso médico y sus diferencias con
el cuerpo del psicoanálisis.