El punto de partida del trabajo es la etapa denominada simbólica de un Lacan en sus inicios, en la cual el inconsciente, así como el síntoma, junto con la interpretación, y la práctica analítica misma, son comprendidos desde dicha perspectiva simbólica, de la mano de la metáfora y el significante. Este primer paso, introductorio, se vuelve necesario para poder establecer la diferenciación con el síntoma al que empieza a prestar atención Lacan a mediados de su obra, que es el síntoma que rehúsa dirigirse al otro, que esconde una satisfacción e insiste en ella, más allá del principio del placer, y más allá de los artificios que intenten desarticularlo por la vía del sentido. A partir de aquí, con la introducción de la nueva concepción del síntoma, es cuando se abre el gran interrogante del trabajo, que es por el psicoanálisis, por su porvenir, en un contexto que ya no es el de su partida, la práctica analítica de los albores freudianos. El objetivo entonces, es desandar una idea de psicoanálisis que se encuentra con dificultades en la práctica, cuando se lo concibe desde un único prisma, el simbólico, para acercarse al nuevo escenario al que enfrentan los cambios en la concepción de conceptos fundamentales, como síntoma y real. Cambios que acarrean modificaciones para la función del analista, su operatoria la interpretación y, para el psicoanálisis mismo. Ese nuevo escenario está signado por la introducción de lo real a la sesión analítica.