El acompañamiento terapéutico se despliega como una práctica clínica en la que
la presencia corporal del acompañante adquiere un valor central. Desde un enfoque
psicoanalítico, este ensayo indaga de qué modo el cuerpo, lejos de constituir un mero
soporte físico, opera como condición de posibilidad para procesos de subjetivación en
contextos de vulnerabilidad psíquica. A partir de los aportes de Donald Winnicott, el
cuerpo es pensado como una dimensión constitutiva del sujeto, inseparable del psiquismo
y sostenida por un ambiente confiable. En este marco, la función de sostén resulta
fundamental para preservar la continuidad del ser, proteger de intrusiones y permitir el
pasaje desde una dependencia necesaria hacia formas progresivas de autonomía. Esta
concepción se articula con desarrollos freudianos en torno a la transferencia y la
repetición, que permiten situar la presencia del otro como condición para la elaboración
psíquica. El acompañamiento terapéutico es conceptualizado entonces como un
dispositivo clínico singular, cuya especificidad no reside en técnicas predeterminadas,
sino en el modo de ofrecer presencia, disponibilidad y continuidad. “Poner el cuerpo” se
entiende como una modalidad de estar que aloja, resguarda y acompaña, sin dirigir ni
sustituir al sujeto. Finalmente, se destaca el lugar del juego como operador clínico que,
gracias al sostén, posibilita la repetición, experimentación y creación de modos singulares
de estar con otros y de participar de la experiencia cultural, reafirmando el estatuto clínico
del acompañamiento terapéutico y su orientación ética hacia el reconocimiento del
acompañado como sujeto singular.
Palabras clave
Acompañamiento terapéutico - cuerpo - sostén - presencia - transferencia.