Dicho trabajo aborda la relación entre el psicoanálisis y la música en la clínica, teniendo como hipótesis, no se puede arribar al sujeto del inconsciente a través del significante musical, ya que en la música no hay proceso de sustitución de un significante por otro, es decir, no hay metáfora. El problema de la insuficiencia teórica que implica la concepción de lenguaje musical para la clínica psicoanalítica, es abordado en base a la lógica de las referencias lingüísticas que se encuentran en las construcciones psicoanalíticas de Lacan. Existe una concepción del Otro de lo estético distinto al Otro del significante, por lo cual, no hay sujeto de la obra, ni tampoco sujeto de la sublimación. Lo que de un arte pueda incidir, en el sujeto o en el Yo, restitutiva, o analíticamente, cruza de terreno, y en ese sentido, el término adecuado para pensar la relación entre la música y el psicoanálisis en la clínica es la sublimación. Su relación con los destinos del narcicismo requiere de una especie de desublimación como mecanismo supletorio de la imagen del Yo. El beneficio extra-artístico que ofrece la música brinda una plataforma acontecimiental que suple la imagen del yo, cuando éste es devastado por las fallas del narcisismo.