Se intenta dar cuenta de la problemática de la identificación y la ironía en el lazo social de
la psicosis, bajo el lente del Joker (2019), una película dirigida por Todd Phillips,
ambientada en 1981, que explora la transformación de Arthur Fleck, un comediante
marginado en el descenso a la locura. Desde la perspectiva del psicoanálisis lacaniano,
esta obra se utiliza como un medio para pensar los conceptos y no se trata de realizar un
psicoanálisis aplicado a una obra, ya que el psicoanálisis se aplica a quien escucha y
habla en el contexto del proceso analítico. A partir de la afirmación de J. Lacan (2012)
sobre que la ironía es la función social de la enfermedad mental, nos preguntamos:
¿cómo se entiende esta declaración, en sus efectos y en su finalidad? Sostenemos que
la ironía no requiere de la dimensión de lo inconsciente, en la medida en que no se trata
de una formación de éste. La ironía opera en otro registro, su eficacia radica en la
distancia que introduce respecto del sentido: al torcer la significación, no se limita a un
juego de doble sentido sino que introduce una falla en la estructura misma del discurso,
un vacío en el que el Otro queda destituido de su poder normativo. Se reflexiona
finalmente, sobre una distinción de las nociones de identificación e ironía. Mientras que la
identificación nos captura en una repetición del sentido, en una copia, la ironía, en
cambio, permite una distancia, introduce algo del orden de la separación, del corte con el
sentido cerrado de la identificación, como algo que no se integra del todo al campo del
Otro. Proponemos que lo opuesto a la risa no es el llanto, sino la identificación,
exploramos sobre los momentos de “ponerse serio”, en los desfiladeros de la
problemática de la infatuación del sujeto, que puede “estar loco” en la medida en que se
cree su propia imagen.