“Estructuras clínicas”, peculiar forma de nombrar un constructo teórico perteneciente
al psicoanálisis, heredado de la nosografía psiquiátrica. El mismo constituye hoy un sintagma
en cuestionamiento, de debate actual y digno de revisión. Es por ello que, nos proponemos
en el presente escrito abordarlo de manera problemática, ubicando diversas posiciones
que autores actuales mantienen sobre la temática.
Sostenemos que la forma de nombrar, de esta manera, a ciertas “categorías”, tendrá
consecuencias a la hora de ejercer la práctica del psicoanálisis, ya que partimos del
postulado, de que el despliegue, el accionar del ejercicio mismo de una actividad cualquiera
sea, se verá condicionada desde el marco teórico del cual se la mire, es decir, a partir de
las posibles lecturas que se hagan sobre un problema, es de donde saldrán las diferentes
“soluciones”.
Pensamos con Freud el hecho de que “se empieza por ceder en las palabras y se
acaba a veces por ceder en las cosas” (Freud, 2013, p. 2577).
A poco menos de un siglo de haber pronunciado dicha afirmación, al modo de una
sentencia ineludible, le rendimos homenaje a la misma, indagando si en la transmisión del
psicoanálisis, no se estaría filtrando la desviación advertida. Para ello comenzamos por un
recorrido sobre el término estructura, para luego problematizarlo, estudiando qué se
entiende por estructuras clínicas.
Asimismo, se realiza una lectura, a partir de las coordenadas aportadas por el
término estructura, sobre una de las principales problemáticas, que se da a nuestro
entender, hoy día, en la clínica con niños, a saber, la patologización con la consecuente
medicalización de la infancia.