El trabajo aborda la sublimación no como un fenómeno estético ni como un
destino pulsional garantizado, sino como una operación ética singular que se juega en la
relación del ser hablante con el vacío que lo constituye. A partir de un recorrido que va
desde Freud hasta la última enseñanza de Lacan, el trabajo se deja orientar por los
enigmas fundamentales del psicoanálisis, localizando en ellos un mismo punto
estructural: el vacío formulado en la noción de das Ding, que orienta tanto el deseo como
la creación. En un primer momento, se sitúa la sublimación en el campo de la ética,
distinguiéndola de la idealización y proponiendo el vacío como condición determinante de
toda invención. En un segundo apartado, esta problemática se articula con la función del
padre como operación simbólica: la metáfora paterna separa al sujeto del goce inmediato
y habilita la vía sublimatoria. Se examinan asimismo las consecuencias de la no
inscripción de esta operación, particularmente en la psicosis, donde la forclusión del
Nombre-del-Padre da lugar a un agujero que exige soluciones singulares. En este punto,
la introducción del concepto de escabel, elaborado por Lacan a partir de James Joyce,
permite pensar una forma de sublimación más allá del Edipo, como saber-hacer con lo
real y suplencia frente a la falla paterna. El ensayo concluye proponiendo una definición
de la sublimación como una erótica del vacío; una operación ética singular en que cada
sujeto inventa un saber-hacer con el vacío que lo constituye.