El presente ensayo propone una lectura sobre el trabajo del duelo en los casos de
desapariciones forzadas y su relación con la justicia y la posibilidad de prestar testimonio.
El contexto argentino entre 1976 y 1983 estuvo marcado por un terrorismo de Estado
basado en la desaparición forzada de personas. En estas situaciones, donde no hay un
cuerpo al cual despedir, el duelo de los familiares se encuentra con un obstáculo, ya que
faltan rituales que simbolicen la pérdida. Los rituales constituyen acciones sociales e
individuales que permiten simbolizar fenómenos como la muerte y ofrecen un punto de
partida para elaborar el duelo: brindan un espacio para el encuentro con la pérdida y para
alojar el sufrimiento. Cuando estos ritos no son posibles, surge la pregunta acerca de si es
posible iniciar un duelo y qué ceremonias pueden suplir la ausencia de un rito funerario.
Desde una perspectiva psicoanalítica, este trabajo propone como premisa que el Estado,
en su rol de garante de justicia, puede ofrecer un espacio simbólico para los familiares de
los desaparecidos. De este modo, la instancia judicial se presenta como un ritual simbólico
que posibilita el pasaje de un duelo suspendido hacia la posibilidad de su elaboración,
otorgando una vía de reconocimiento y testimonio frente a la pérdida.