Este escrito indaga en la representación de la muerte en la infancia y su relación con la
fantasía, entendiendo que la muerte se presenta como un enigma y un límite para la
simbolización. A lo largo del desarrollo se trabaja, individualmente y también en su
articulación, los conceptos de representación, fantasía y juego. Se analiza la
representación no solo como una construcción simbólica, sino también como un proceso
psíquico que organiza la experiencia del sujeto. Un proceso que hace, esencialmente, al
sujeto. La fantasía, en este marco, se expone como una vía fundamental para dar forma
a lo que no puede ser plenamente representado, una operatoria psíquica que permite
elaborar lo inasimilable. El juego aparece allí como un medio para bordear lo
irrepresentable, aquello que de otro modo quedaría por fuera de toda simbolización. En
las conclusiones, se reafirma que la muerte no debe pensarse únicamente desde la
carencia o la imposibilidad de representación, sino como un vacío que exige bordes
simbólicos. Se destaca el papel activo del niño en la construcción de sentido y se enfatiza
en la importancia de ofrecer relatos y juegos que permitan inscribir subjetivamente la
experiencia de la muerte.