El presente ensayo tiene por objetivo reflexionar sobre los incipientes procesos de patologización y medicalización de las infancias que producen, como consecuencia, un auge de categorías diagnósticas. Asimismo, apunta a comprender los efectos que esto genera en una subjetividad en ciernes, dado que ello permite cuestionar el lugar que debemos darle al diagnóstico en las prácticas de Salud Mental Infantil. Cuestionamiento que instaura la posibilidad de brindarle al diagnóstico un nuevo estatuto: un proceso artesanal que va ligado a una ética de la singularidad. Para arribar a este nuevo estatuto, se utilizan como antecedente autores que han realizado valiosos aportes para pensar al diagnóstico más allá de la lógica medicalizante y patologizadora, teniendo como eje fundamental una perspectiva psicoanalítica. La interpelación de la noción de diagnóstico instaura paralelamente el interrogante de la noción de infancia que se encuentra encriptada en el orden social y las categorías de lo “normal” y lo “patológico” que se ligan a ella en cada momento histórico-social, lo cual nos permite reflexionar respecto de la representación de la infancia que propicia el contexto social actual y como se construyen las políticas públicas en función de la misma. Hoy las infancias nos exigen pensar nuevos modos de abordaje. Este trabajo es una apuesta a ello, una contribución sobre la importancia de sostener, en el ejercicio profesional del psicólogo, una ética de la singularidad que permite ubicar un sujeto deseante, con historia y porvenir, sin hacer del sufrimiento un “trastorno” de por vida.