Este ensayo aborda la problemática del ciberacoso en la adolescencia desde una
perspectiva psicoanalítica, sosteniendo que este periodo de profunda reestructuración
psíquica, marcado por duelos corporales y la búsqueda de nuevas identificaciones, crea las
condiciones de posibilidad para la agresión digital. La irrupción de la pubertad exige al
adolescente una reorganización subjetiva y la reestructuración de su Yo a través de las
identificaciones con sus pares.
El ciberacoso aparece como una agresión inagotable y omnipresente que irrumpe
este tiempo esencial. Al viralizar la burla y el descarte el fenómeno opera reduciendo al
sujeto a un objeto abyecto, un residuo que debe ser expulsado para que el grupo virtual
mantenga su orden. Esta posición de desecho se magnifica por la caída de los semblantes,
donde el repliegue del adulto como referente simbólico deja al joven indefenso ante el
universo virtual.
La vía de salida se encuentra en la reidentificación humanizante que propone
Bleichmar (2002). Esto implica que un Otro significativo debe asumir una función simbólica,
ofreciendo una mirada reparadora que trascienda la imagen de descarte impuesta.
Mediante estos soportes simbólicos y afectivos la disciplina de la Psicología puede
intervenir para que el sujeto adolescente recupere su lugar deseante en el lazo social.