La incidencia de proyectos de extensión universitaria en las prácticas y estrategias de productores/as, docentes y estudiantes. Una experiencia en la Facultad de Ciencias Agrarias-UNR
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Facultad de Ciencias Agrarias. Universidad Nacional de Rosario
Resumen
Esta tesis se desarrolló en el ámbito de las ciencias agrarias, específicamente en el
área de los estudios sociales agrarios, con un enfoque centrado en la sociología rural. El
objetivo general de la investigación fue configurar el campo de las prácticas de la extensión
universitaria organizado en torno a la producción familiar porcina ubicada en el área de
influencia de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario en el
período 2015-2022. La elección del enfoque teórico de Pierre Bourdieu respondió a la
necesidad de comprender la extensión universitaria no solo como una práctica institucional,
sino como un campo social atravesado por relaciones de poder, disputas simbólicas y
estrategias diferenciadas según los capitales que poseían los/as agentes. Este marco teórico
se articuló con enfoques sobre extensión universitaria, teorías de las representaciones
sociales y la conceptualización de la producción familiar capitalizada. A partir de un estudio de
caso, se buscó aportar a una comprensión crítica de la extensión universitaria, no solo como
función sustantiva de la universidad, sino como un espacio de producción de subjetividades,
sentidos y posicionamientos sociales. Se analizaron las percepciones, trayectorias y
estrategias de distintos/as agentes sociales -productores/as, docentes y estudiantes-
mediante un abordaje etnográfico que incluyó técnicas de observación participante,
entrevistas en profundidad, análisis documental-audiovisual y grupos de discusión. Entre 2015
y 2022, la extensión universitaria orientada a la producción familiar porcina en el sur de Santa
Fe se configuró como un campo social dinámico. Inicialmente, predominó un modelo
extensionista transferencista, donde los saberes académicos y técnicos ocupaban posiciones
dominantes, limitando la participación de productores/as y estudiantes. Sin embargo, a través
del tiempo, el campo transitó hacia una lógica más horizontal y participativa: se diversificaron
los/as agentes, se fortaleció la articulación con instituciones y agentes territoriales, y se
legitimaron los saberes locales y las trayectorias productivas como insumos válidos para la
co-construcción de conocimiento. Este proceso implicó una redistribución y un cambio en la
dotación de capitales (social, simbólico, cultural y económico), permitiendo que productores/as
y estudiantes adquirieran roles protagónicos en las estrategias de intervención. Se generaron
instancias de formación conjunta, investigación situada, apropiación tecnológica y elaboración
de herramientas de gestión adaptadas al contexto familiar. Incluso frente a la pandemia, el
capital social acumulado sostuvo la continuidad del trabajo colaborativo mediante dinámicas
virtuales y materiales producidos colectivamente. La extensión universitaria funcionó así como
un espacio articulador entre campos sociales –académico, científico, productivo, político y
económico–, promoviendo la transformación de prácticas, la construcción de redes
territoriales, la generación de políticas públicas y el fortalecimiento del capital simbólico de la
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producción familiar porcina. La experiencia no solo resignificó las posiciones y los roles de
los/as agentes involucrados/as, sino que también disputó sentidos a la legitimidad de los
saberes y la función social de la universidad. Durante el período analizado, los/as
productores/as porcinos/as familiares profundizaron estrategias socioeconómicas centradas
en la diversificación de actividades, el trabajo familiar y la adaptación a contextos de escasez
y exclusión. Frente a limitaciones estructurales como la escasez de tierra, la baja escala y el
acceso restringido a recursos y políticas públicas, combinaron la producción porcina con otras
actividades productivas y empleos extra-prediales, priorizando la estabilidad y la continuidad
familiar sobre la acumulación. Sus prácticas, basadas en la experiencia, la creatividad y el
aprendizaje colectivo, evidenciaron una razonabilidad orientada a la persistencia y la
autonomía, valiéndose de la informalidad y el capital social para sostener los establecimientos
productivos ante amenazas económicas, normativas y ambientales. Estas estrategias, lejos
de ser vistas como deficiencias, fueron valorizadas desde el enfoque de extensión crítica, que
reconoció el capital cultural y social de los/as productores/as y promovió la construcción
colectiva del conocimiento. Los/as productores/as fortalecieron sus redes y legitimidad
simbólica, resistiendo el riesgo de exclusión en un sistema orientado a la tecnificación y la
concentración. Las prácticas de extensión universitaria generaron transformaciones en las
representaciones sociales y trayectorias de productores/as, docentes y estudiantes. A partir
del reconocimiento de habitus diferenciados y capitales diversos, la extensión habilitó
procesos de reflexión crítica, diálogo y resignificación de saberes, promoviendo el paso de
posiciones tradicionales a enfoques más horizontales y co-constructivos. Productores/as
comenzaron a valorarse como colectivo y a participar activamente, docentes reconfiguraron
su práctica pedagógica, y estudiantes experimentaron la extensión como un espacio formativo
integral, vinculado a la realidad y el compromiso social. El proceso de extensión universitaria
demostró ser un motor de transformación social, pedagógica e institucional. La experiencia
permitió resignificar estrategias productivas, redistribuir capitales y redefinir representaciones
sociales, generando un campo de prácticas más horizontal y participativo. La extensión crítica
no solo favoreció la inclusión y el reconocimiento de los/as productores/as familiares como
agentes válidos de conocimiento, sino que también promovió nuevas formas de docencia,
investigación y formación profesional, articulando la universidad con las problemáticas reales
del territorio. Así, la extensión se consolidó como una función estratégica para democratizar
el saber y fortalecer el compromiso social de la universidad pública.
This thesis, situated within agricultural sciences and rural sociology, aimed to define the field of university extension practices focused on family pig production in the area influenced by the Faculty of Agricultural Sciences, National University of Rosario, between 2015 and 2022. Pierre Bourdieu’s framework allowed for understanding extension as a social field traversed by power relations, symbolic disputes, and differentiated strategies according to the capital held by different agents, complemented by theories of university extension, social representations, and capitalized family farming. Using a case study and an ethnographic approach -including participant observation, in-depth interviews, documentary analysis, and focus groups- the research examined university extension not only as a substantive function of the university but also as a space for the production of subjectivities, meanings, and social positions. Initially, the extension field followed a transfer-oriented and hierarchical model, where academic and technical knowledge dominated, limiting the participation of farmers and students. Over time, it evolved toward more horizontal and participatory logics: agents diversified, ties with institutions and territorial actors were strengthened, and local knowledge gained legitimacy in the co-construction of knowledge. This process involved a redistribution of capitals (cultural, social, symbolic, and economic), enabling farmers and students to take leading roles in interventions. Extension practices fostered joint training, situated research, technological appropriation, and the development of management tools adapted to the family production context. During the pandemic, accumulated social capital sustained collaborative work through virtual dynamics and collectively produced materials. University extension thus operated as an articulating space among different social fields -academic, scientific, productive, political, and economic- encouraging the transformation of pedagogical practices, the strengthening of territorial networks, and the symbolic revaluation of family pig production. Farmers implemented strategies based on diversification, family labor, and adaptation to contexts of scarcity and exclusion, prioritizing stability over accumulation. Recognized from a critical extension perspective, these strategies reflected relevant social and cultural capital and collective learning processes. Ultimately, the extension experience generated transformations in the representations, trajectories, and roles of farmers, teachers, and students, consolidating university extension as a strategic function for democratizing knowledge, strengthening public universities, and promoting social transformation in the region.
This thesis, situated within agricultural sciences and rural sociology, aimed to define the field of university extension practices focused on family pig production in the area influenced by the Faculty of Agricultural Sciences, National University of Rosario, between 2015 and 2022. Pierre Bourdieu’s framework allowed for understanding extension as a social field traversed by power relations, symbolic disputes, and differentiated strategies according to the capital held by different agents, complemented by theories of university extension, social representations, and capitalized family farming. Using a case study and an ethnographic approach -including participant observation, in-depth interviews, documentary analysis, and focus groups- the research examined university extension not only as a substantive function of the university but also as a space for the production of subjectivities, meanings, and social positions. Initially, the extension field followed a transfer-oriented and hierarchical model, where academic and technical knowledge dominated, limiting the participation of farmers and students. Over time, it evolved toward more horizontal and participatory logics: agents diversified, ties with institutions and territorial actors were strengthened, and local knowledge gained legitimacy in the co-construction of knowledge. This process involved a redistribution of capitals (cultural, social, symbolic, and economic), enabling farmers and students to take leading roles in interventions. Extension practices fostered joint training, situated research, technological appropriation, and the development of management tools adapted to the family production context. During the pandemic, accumulated social capital sustained collaborative work through virtual dynamics and collectively produced materials. University extension thus operated as an articulating space among different social fields -academic, scientific, productive, political, and economic- encouraging the transformation of pedagogical practices, the strengthening of territorial networks, and the symbolic revaluation of family pig production. Farmers implemented strategies based on diversification, family labor, and adaptation to contexts of scarcity and exclusion, prioritizing stability over accumulation. Recognized from a critical extension perspective, these strategies reflected relevant social and cultural capital and collective learning processes. Ultimately, the extension experience generated transformations in the representations, trajectories, and roles of farmers, teachers, and students, consolidating university extension as a strategic function for democratizing knowledge, strengthening public universities, and promoting social transformation in the region.
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