Filippi, Silvana2017-11-072017-11-072014-03-05http://hdl.handle.net/2133/9251Medea de Eurípides, representada por primera vez en el 431 a.C., pone en primer plano el conflicto trágico de una heroína de configuración compleja que se debate entre fuerzas de signo contrario y cursos de acción divergentes, y que está caracterizada de diversas maneras: esposa traicionada y mujer masculinizada; héroe al estilo épico y sofocleo y madre; diosa y mujer, extranjera que por momentos actúa como ateniense, hechicera, etc. Ya desde la Antigüedad, la pieza llamó la atención no sólo de poetas posteriores que escribieron sus propias versiones de la historia de Medea, sino también de los filósofos, sobre todo en lo relativo, precisamente, a la relación entre la configuración y el conflicto del personaje principal y las diferentes teorías de la acción humana, sus motivaciones psicológicas, su trasfondo cognitivo, sus cambios anímicos, etc. El objetivo central de este trabajo es proponer una revisión crítica de algunas lecturas filosóficas del conflicto de Medea a la luz de su planteamiento poético en Medea de Eurípides, principalmente, pero también en la obra homónima de Séneca, y de su configuración como personaje trágico; esto nos llevará, en última instancia, a analizar en qué medida la filosofía, despojándose de cierto esquematismo percibido en esas lecturas, puede realizar aportes muy fecundos y enriquecedores para la reflexión sobre el personaje y su conflicto trágico. Nuestra hipótesis principal es que las lecturas de corte filosófico que se han hecho de Medea de Eurípides, hasta el día de hoy, no resultan del todo satisfactorias por dos razones principales: por un lado, porque han encasillado en estrechos límites a un personaje tan complejo como Medea, y por otro, porque pierden de vista aspectos fundamentales no sólo para la comprensión de la obra, sino incluso para la comprensión general del fenómeno de la tragedia griega. Sin embargo, según intentaremos demostrar, el hecho de que las mencionadas lecturas filosóficas de Medea de Eurípides deban ser críticamente revisadas no significa que la filosofía no sea una vía de acceso legítima y muy productiva para este texto como para cualquier otro. En efecto, la perspectiva filosófica puede producir lecturas diferentes, que son posiblemente las que reclama el texto. Nuestro trabajo se organizará en cinco capítulos distribuidos en dos partes. En la Parte I, nos abocaremos a analizar el personaje y el conflicto trágico en Medea de Eurípides. En el capítulo primero, plantearemos la lectura de este texto como una tragedia retórica en el sentido de que pone el énfasis en la retórica, sus procedimientos y herramientas, a partir del análisis de tres textos en los cuales Medea demuestra su superioridad discursiva sobre los demás personajes: la primera rhêsis de la heroína (vv. 214-266), dirigida al Coro para lograr su adhesión; el ag n lógōn entre Jasón y Medea en el segundo episodio (vv. 446-626); y el diálogo entre Medea y Jasón en el cuarto episodio (vv. 866-975), en el cual la protagonista persuade a Jasón, conduciéndolo así a su propia ruina. A nuestro juicio, el poder enorme y ambivalente del lógos pone en evidencia, en estos tres pasajes, por qué la obra puede ser leída como una tragedia retórica y cuáles son algunas de las características que definen el conflicto trágico y a la protagonista como personaje. En el capítulo segundo, profundizaremos el análisis de la configuración de Medea como personaje ontológicamente complejo. Por un lado, su linaje divino, como descendiente de divinidades más antiguas que los Olímpicos, se reitera varias veces en la obra y tiene una influencia decisiva en el desarrollo (y sobre todo en el final) del conflicto trágico; pero también participa del plano humano y a la vez es comparada frecuentemente, por otros personajes, con bestias. Por otro lado, discutiremos, a partir del estudio de los contextos en los que aparecen los conceptos de érōs y philía en la obra, si Medea puede ser legítimamente considerada como una heroína erótica o si, por el contrario, el érōs de Medea pertenece sólo al sustrato del personaje y lo que está en primer plano, para una heroína que pone el énfasis en la violación de los juramentos, es, en cambio, la philía. En la Parte II, abordaremos algunas exégesis filosóficas de Medea; en los dos primeros capítulos, las dos lecturas ya señaladas de Medea de Eurípides, y en el tercero, la de Medea de Séneca. En el capítulo tercero, nos preguntaremos si es pertinente un análisis del personaje de Medea de Eurípides, y más concretamente, del filicidio llevado a cabo por su protagonista, a la luz del análisis aristotélico de la acción, desarrollado en contextos éticos. Intentaremos demostrar que resulta dudoso, y tal vez equívoco, hablar de ‘voluntariedad’ o ‘responsabilidad’ (en sentido aristotélico) en el caso de la heroína, ya que sus motivaciones, como la de todo héroe trágico, tienen un doble signo (enfrentado a una anánkē superior, también desea lo que a su vez está forzado a hacer) y, además, como se ha mostrado en el capítulo segundo, Medea no es un ser humano común: es un personaje que participa, más de lo que frecuentemente se ha enfatizado, del plano divino, cuya importancia en la obra, a pesar de las consideraciones aristotélicas al respecto, es insoslayable. En el capítulo cuarto, se analizarán los problemas textuales y de traducción que presenta el célebre monólogo de Medea (vv. 1021-1080), y en especial los tres versos finales a la luz de algunos desarrollos filosóficos posteriores. Durante largo tiempo, Medea fue considerada una tragedia de pasiones, en gran parte debido a la interpretación platónica de este famoso monólogo –y sobre todo los tres versos finales– por parte de Galeno, que vio en él una lucha psicológica entre razón y pasión, a la que subyacería la tripartición platónica del alma de República IV. Estos versos, incluso, han sido leídos a veces, desde un punto de vista estoico, como una descripción del fenómeno de la incontinencia o akrasía, según el cual Medea habría actuado acráticamente al vengarse de Jasón matando a sus propios hijos. En las últimas décadas, esta interpretación tradicional ha comenzado a ser severamente cuestionada por los críticos modernos y, como intentaremos demostrar, debe ser revisada ya que no hay fundamentos textuales para sostenerla. En el capítulo quinto, por último, analizaremos en qué sentido la Medea de Séneca, considerada por la crítica como una de las mejores tragedias del cordobés, puede ser leída como un “drama estoico”. Si en escritos filosóficos Séneca presenta a la ira de modo unidimensional, poniendo el foco en sus aspectos destructivos, en Medea vemos que la caracterización de la ira se complejiza. Contribuye de manera fundamental a esta complejización la configuración de la protagonista. Analizaremos esta configuración a través de tres voces: la de la misma Medea, la del Coro de corintios, que se opone a la protagonista, y la de la Nodriza, que representa, en gran parte, pero de manera paradójica, la bona mens que se enfrenta al furor de Medea. Por último, se expondrán las consideraciones finales, en relación con los objetivos enunciados. En estas consideraciones, nos centraremos en el último de los objetivos planteados más arriba: la reflexión en torno a la importancia real de la filosofía como vía de acceso a Medea de Eurípides, pero no mediante enfoques restrictivos, sino mediante un acercamiento filosófico más amplio que redundará a favor no sólo de la interpretación del texto trágico sino también de la filosofía. Después de la bibliografía, se incluye al final, como Anexo, el texto griego completo, con traducción y notas, de Medea de Eurípides.application/pdfapplication/pdfspaopenAccessMedeaTragedia griegaFilosofía antiguaMedea de Eurípides: el personaje y el conflicto trágico. Lecturas filosóficasdoctoralThesisAutor y UNR